Primer mes de embarazo

Parece mentira pero ya ha pasado un mes de los nueve de gestación, los primeros síntomas ya se están apoderando de mi cuerpo. Mis pechos están ligeramente doloridos y han aumentado su tamaño natural, así que me temo que pronto tendré que modificar mi ropa íntima si no quiero parecer una sardina en lata.

Abrir los ojos por la mañana, empieza a convertirse en una odisea. Me levanto con el estómago como una lavadora en pleno centrifugado y durante el día tengo naúseas que, aunque en raras ocasiones, pueden terminar en vómito.

Durante el día me noto más cansada de lo habitual y tengo un fluido vaginal diferente a lo que estoy acostumbrada. Algunos granitos se han apoderado de mi cara, pero bueno es como volver a la juventud, probablemente empiece a aplicarme alguna mascarilla anti acné.

Además, hay ciertos alimentos que me encantaban y que ahora no tolero ni olerlos. Mi apertivo también varía, puede que no tenga nada de hambre o que no me sacie con nada. Por supuesto, debido a los cambios hormonales estoy experimentando cambios de humor radicales, lo que hace que esté más sensible e irritable.

Como matrona, os voy a dar una serie de recomendaciones para que pongáis en práctica conmigo desde hoy:

  • No practiques deportes violentos como esquí, artes marciales o equitación.
  • Reduce lo máximo posible el consumo de café y té.
  • Ten una alimentación variada y equilibrada para favorecer las necesidades del embrión y las tuyas.
  • Evita el queso crudo no pasteurizado por si contiene listeriosis.
  • Procura tener tus momentos de reposo, ya que te notarás más cansada de lo habitual.
  • Si tienes náuseas como yo o migrañas procura no paliarlo con medicamentos, simplemente intenta descansar más tiempo del que estás acostumbrada.

Llega un bebé: ¿crisis en la pareja?

Llega un bebé: ¿crisis en la pareja?

La llegada de un bebé, como casi todo lo que sucede en la vida, poco o nada tiene que ver con lo que el marketing nos trasmite. No todas las estampas del día a día son tan idílicas cuando aparece el nuevo miembro de la familia, también suceden los problemas que, con calma, paciencia, amor pero, sobre todo con tiempo, se terminan por superar. Los bebés son muy tiernos cuando están apaciblemente dormidos pero también lloran, a veces tanto que logran desestabilizar la paciencia del más tranquilo. Los bebés huelen maravillosamente bien pero para ello habrá que cambiar el pañal unas diez o doce veces al día, a veces con un sueño bastante profundo (sus necesidades fisiológicas no entienden de madrugadas). Las fotos de las revistas no reflejan la verdadera identidad del día a día.

El caos aparece en el hospital. Muchas mujeres, especialmente las primerizas, interiorizan una idea de parto, así como de rostro de bebé, que no cumple con sus expectativas. Un parto difícil o que incluso que acaba en una cesárea pueden traer los primeros «desengaños», las primeras tomas de contacto con la realidad. Una mujer recién parida es, generalmente, una mujer dichosa pero también con un vaivén de hormonas que hacen que vea el mundo de otra manera. Visitas largas con comentarios inoportunos y, sobre todo de gente con la que no tiene la suficiente confianza, hacen que nada más convertirse en madre vea que las cosas no son como las había soñado. Y eso, si no se atiende, pasa factura.

Pero queda lo más importante: llegar a casa. Especialmente para quienes son padres por primera vez todo son dudas; no estar seguros de si el bebé está bien alimentado (especialmente si toma pecho porque no se sabe la cantidad, sólo se sabe si gana peso), no saber el motivo de su llanto (muchos bebés lloran las últimas horas de la tarde por los cólicos del lactante), miedos a no saber hacerlo bien, temor a que se nos caiga, a no saber ejercer, en definitiva, a no ser buenos padres. Todo esto, indudablemente, tiene consecuencias en una pareja. Positivas y a veces, negativas. Pero todo es subsanable.

Hemos hablado con Marina González, experta psicóloga clínica de Cinteco, que nos habla de cambios: «La llegada de un bebé supone muchos cambios para la pareja, cambios a los que se tienen que ir adaptando y como cualquier proceso de adaptación lleva tiempo y no está exento de estrés. Estos niveles de estrés, unidos al cansancio, la inseguridad a la hora de manejar las dificultades, las expectativas que se tienen hacia el otro y otros factores… pueden afectar en la irritabilidad, el nerviosismo, la frustración… y provocar ciertas tensiones en la pareja».

Como en todo en la vida, es importante saber gestionar las crisis que surgen es por ello que son tan importantes «las condiciones previas de la relación de pareja, que sea una relación solida, estable, con buenos niveles de comunicación y por supuesto de afectividad, y que dispongan de habilidades adecuadas para resolver problemas» todas esas cosas fomentan una buena salud en la pareja a pesar de las dificultades. Es decir que si una pareja ya se llevaba mal o muy mal antes de la llegada de un bebé, el nacimiento no sólo no va a cambiar las cosas para bien sino que las empeorará.

Niveles de comunicación: es muy importante saber expresar los sentimientos que uno tiene sin caer en la acusación al otro. Utilizar frases tipo «yo sé que tú haces esto con el mayor de los cariños pero lo cierto es que yo lo percibo como…y no me gusta porque me hace sentir así» Todo ello, claro está, siempre con un tono amable y tranquilo y, si es posible, en el marco de una conversación apacible, es decir, no aprovechar un llanto incontrolable del bebé para expresarse sino un momento de paz, que también los hay, para decir las cosas. De nuevo la psicóloga nos aconseja: «Disponer de estas habilidades no tiene que ver necesariamente con la edad, hay mucha gente joven que dispone de estos recursos, aunque es cierto que la experiencia vital ayuda a tener recursos para afrontar situaciones que pueden generar estrés». Las parejas que hablan, que se escuchan, que se comunican diciendo lo que sienten, tienen altas probabilidades de que todo salga bien, de que se solucionen las cosas.

Entender las necesidades del otro. No sólo la mujer sufre cambios, el hombre también cambia su perspectiva vital. Muchos hombres, con la llegada de un hijo, adquieren un mayor grado de responsabilidad a la hora de afrontar su vida laboral y comienzan a sentir miedos hasta ese momento desconocidos.

Muchos optarán por no decir nada a su pareja para evitar preocupaciones pero eso no significa que no estén durante una primera etapa muy absortos en esa nueva tesitura de vida y de trabajo. Por supuesto, también sienten celos cuando llega un bebé. Aquella mujer que siempre estaba pendiente de él ahora casi nunca está disponible para llevar una conversación de más de cinco minutos. La mayoría de las mujeres (con toda la razón es verdad) no reparamos en esa ausencia que tienen porque estamos muy atareadas con todo lo que se nos ha venido encima; dar el pecho, cambiar los pañales, ahora tiene un gas, ahora no sé por qué llora…cualquier mujer que sea madre entenderá que, no se sabe muy bien por qué, pero cuando tienes un recién nacido en casa, a pesar de que duermen casi todo el día, apenas paras un minuto. Todas esas circunstancias pueden hacer que nos olvidemos de nuestra pareja «momentáneamente» algo que en la medida de lo posible deberíamos evitar aunque no siempre es fácil.

Las hormonas, esas «amigas traicioneras». Las mujeres convivimos con ellas toda la vida pero quizás hay tres etapas en la vida de una mujer que son especialmente complicadas; adolescencia, embarazo/postparto y menopausia. Centrándonos en el tema que nos ocupa, el postparto, las hormonas pueden jugar una malísima pasada que pueden hacer tambalear los cimientos del matrimonio más estable: llantos injustificados, creer que estás sola, que han dejado de quererte, sentirte fea, distinta a quién eras y algo que ayuda poco, dormir a trompicones, hacen el resto. Mucho amor, mucho cariño, mucho apoyo moral con frases tipo, «qué buena madre eres», «qué bien lo estás haciendo», «qué orgullos estoy de ti» hacen más que una terapia con el mismísimo Freud. Muchos abrazos y una clara demostración de que se está ahí para apoyarla en todo hacen el resto.

La importancia de ayudar: Muchos hombres, por temor a no hacerlo bien o por cultura, participan poco o nada en la crianza de sus hijos hasta que estos no caminan. El hecho de que sea la mujer la que siempre se haya dedicado a la alimentación de la cría por dar el pecho hace que, generación tras generación, se siga asimilando ese concepto. Aunque es cierto que poco a poco las cosas han ido cambiando, lo cierto es que muchos padres se acercan poco al recién nacido. Es verdad que son las madres las que dan el pecho pero hay un montón de cosas que ellos pueden y deben hacer, ya no sólo para aliviar a la madre que necesita descansar sino también para establecer vínculos con el bebé. Por ejemplo, quitar los gases. A muchos padres se les da bien esta tarea porque es un rato al día y porque sus manos grandes suelen dar mucha protección al bebé. Pero no sólo eso, cambiar los pañales no tiene que ser un acto exclusivo de la mamá, de hecho, salvo dar el pecho, ninguno lo es. Cuando un hombre llega a casa cansado del trabajo no se encuentra con una mujer que no ha hecho nada precisamente en toda la jornada.

Consejos para comprar ropa de bebé

Consejos para comprar ropa de bebé
  1. Que incorpore broches automáticos (no plásticos pues se derriten al plancharlos). Lo aconsejable es que las camisetas tengan broches en el cuello y que los pantalones los tengan en la entrepierna; es mucho más fácil para cambiarles el pañal.Que las telas sean suaves y fáciles de planchar, preferentemente 100% algodón, sobretodo si el bebé es muy pequeño. Evitar tejidos duros y lanas que pierdan pelusas.
  2. Evitar cinturas con cremallera y botones en las prendas de los recién nacidos. Preferir las cinturas con tela elástica que se adaptan mejor y estamos seguros que no les aprieta.
  3. Preferir cinturas regulables. Cuando son algo mayores, son ideales los pantalones con cintura regulable, de esos que traen un elástico con botones en la cintura.
  4. Pensar en los hermanos más pequeños. Cuando tenemos dos hijos o más del mismo sexo (o no), compramos pensando en todos los posibles usuarios de esa prenda. Crecen tan deprisa que al menos nos conforma saber que las prendas tendrán doble (a veces triple) uso.
  5. Asegurarse que nuestro bebé tiene ropa que combine con lo que vayamos a comprarle. Este consejo va especialmente para los padres que les gusta salirse del clásico azul para niños y rosa para niñas.
  6. Cuando son recién nacidos, preferir los pantalones, peleles y pijamas con pie incluido.
  7. Preferir los bodies a las camisetas, especialmente en invierno. Quedan siempre dentro del pantalón/falda y evita que se enfríen la tripita.
  8. Los zapatos: Para recién nacidos, que sean abrigados (en invierno), cómodos y blanditos. Para los mayorcitos, evitar los cordones; son preferibles los zapatos con velcro que pueden colocárselos y quitárselos ellos mismo.
  9. Los calcetines: ni pequeños ni grandes pues pueden hacerles daño en el pie. En invierno, comprarlos largos hasta la rodilla, pues al alzar al bebé los pantalones se levantan y quedan las piernitas al descubierto.
  10. Una buena forma de ahorrar es comprar la ropa on-line y aprovechar páginas web que ofrecen numerosos cupones descuento como MasCupon.com.

Recupera la silueta después del embarazo

Recupera la silueta después del embarazo

¿Cuándo podemos empezar el plan para delgazar?

Sobre cuando se puede empezar a ponerse a dieta, ejercicio… “cuidarse”, hay diferentes opiniones sobre ello, desde las 6 semanas a un año, o empezar de dos a seis meses después del parto. Realmente depende del peso que se haya ganado y de la constitución de cada persona. Y por supuesto de cómo haya sido el parto.

Recuperar el peso y la silueta en un mes o algo más, mejor dejarlo para las artistas de cine, aunque sinceramente me parece algo bastante irreal.

Lo más adecuado es que después del año se debería haber recuperado la forma.

Es muy importante el aspecto psicológico, en el que continúan involucradas las hormonas y querer recuperar el peso o la figura antes de tiempo puede ser igualmente muy frustrante.

Los primeros días en casa, con el bebé, son para descansar, recuperarse tanto física como emocionalmente y tener tiempo para disfrutar del bebé.

Parece que esos días la madre solo se tiene tiempo de comer, dormir (poco) y cuidar al bebé.

Al poco de dar a luz, empezamos a notar algunos cambios.

Se puede notar una pequeña inflamación en las piernas y pies. Hasta que no se vayan perdiendo los líquidos ganados durante el embarazo.

Aumenta el estreñimiento.

El periodo puede volver entre seis y ocho semanas o meses, aunque si  no se está en la lactancia antes.

Algunas mujeres pueden desarrollar problemas en las tiroides en el primer año de dar a luz. Tanto hipertiroidismo como hipotiroidismo, aunque no es permanente, se suele recuperar al máximo un año.

Si se desea hacer dieta, hay que ponerse a dieta tranquilamente, si se va a dar la lactancia mejor procurar comer sano, que dieta, ya que se puede perder calidad y cantidad de leche materna.

Lo ideal es eliminar los azúcares simples extras, las grasas y las comidas más copiosas, y por supuesto olvidarse del alcohol. Procurar mantener una dieta sana y se puede empezar un plan de ejercicio suavemente.

Algunas mujeres debido a los cambios hormonales sienten algo de ansiedad y depresión, lo que les hará picar y comer en exceso, sobre todo dulces, para esos momentos lo ideal es la L-teanina, que relajará. No debería durar esta sintomatología más de dos semanas, si dura demasiado tiempo es importante consultar al médico.

¿Cuánto peso puedo perder y en que velocidad?

Para la recuperación más o menos rápida también va a influenciar como ha sido el parto, evidentemente no es lo mismo un parto por cesárea que uno natural. En la cesárea se ha de recuperar la cirugía abdominal.

Después del parto el útero va a reducir de tamaño y posición. Durante la lactancia se libera oxitocina que provoca contracciones en el útero, gracias a estas recupera su posición.

Justo en el momento del parto se va a perder hasta aproximadamente 4 kilos al perder los líquidos corporales. Igualmente se va perdiendo peso naturalmente hasta que el útero va recuperando su tamaño.

Cuando se está dando de mamar es normal o se puede alcanzar a perder hasta un máximo de 1 kilo a la semana. Ya que en esta etapa, no se debe perder mucho peso.

Lo ideal es perder peso gradualmente.

Se suele recuperar la figura como antes del embarazo al año de nacer el bebé.

El peso se puede recuperar a los seis meses.

Aunque evidentemente depende del peso ganado durante el embarazo si ha sido muy importante o no.

¿Qué cambios son los que voy a recuperar antes?

Las tres partes del cuerpo que han tenido más cambios, son el suelo pélvico, el abdomen y el pecho.

Por lo que estas son las que igualmente vamos a notar antes la recuperación.

Como he dicho en la lactancia la oxitocina ayudará a que se recupere el tono rápidamente, aunque los ejercicios siempre son recomendables.

La zona abdominal este algo más floja y hasta algo arrugada y ha desaparecido la cintura, para ello lo ideal es empezar los ejercicios específicos cuando ya se encuentre recuperada, cuando se sienta, nos hemos de acordar que han sido nueve meses, y que recuperarse no va a ser rápido.

Cuando los niveles de progesterona disminuyen mejora el tono muscular.

El estreñimiento, mejora bebiendo mucho agua, zumos, comer fibra. Se pueden usar supositorios puntualmente.

Perdida de pelo, es uno de los problemas más habituales, durante el embarazo las hormonas protectoras, dan un aspecto de piel y pelo sano, cuando bajan de golpe las mismas, el pelo se suele caer, aunque en poco tiempo, volverá a lo mismo.

Después de la lactancia, el pecho volverá naturalmente a su forma, aunque cuando el tamaño es grande la recuperación es más difícil, y el pecho pequeño algunas veces se hace más pequeño.

Para recuperar el peso, ¿Qué puedo hacer?

Dieta sana es lo ideal, con muchos líquidos, fruta y verdura. No podemos hacer dieta estricta, necesitamos la energía diaria necesaria.

Desayunar con tiempo.

Comer al menos cinco piezas de fruta y verdura diarias.

Incluir mucha fibra en la dieta, como avena, alubias, grano enteros.

Incluir hidratos de carbono de absorción lenta, como la pasta integral preferentemente, pan y arroz.

Evitar azúcares simples, alimentos demasiado grasos como el fast food, pasteles o bebidas gaseosas.

Controlar el picoteo y las veces que acudes a la cocina (se pasan bastantes horas en casa), lo ideal es una pieza de fruta cuando se va a picar, se puede poner cortada a trocitos.

Las calorías necesarias, depende mucho si se está o no en la lactancia.

Es importante procurar perder el peso ganado de más si se pretende tener más descendencia.

Si estás dando de mamar, las calorías necesarias son mayores que si no lo estás haciendo. Se necesitan aproximadamente un extra de 350 calorías al día para producir la leche. Estas calorías adicionales se van a usar de las reservas que se han acumulado durante el embarazo, este es otro de los motivos de que las hormonas durante el embarazo llevan a la reserva de grasas.

Es importante no reducir la ingesta de calorías inmediatamente, ya que necesitamos estas calorías para recuperarse, sobre todo las que han tenido un parto por cesárea.

Las necesidades mínimas aproximadas son de 1500 calorías/día.

No se deben tomar suplementos o ayudas para adelgazar si se esta dando de mamar.

Mi recomendación es comer varias veces al día, pequeñas cantidades.

Aumentamos el número de comidas y alimentos como frutas, verduras y grano entero.

Muchas mujeres cuando están embarazadas piensan que pueden comer lo que quieran y cuanto quieran por el motivo de estar embarazadas, aunque no es lo más recomendable, si no se hacen excesos, es un momento para relajarse.

Pero después del parto la mente ha de volver a las cantidades y productos adecuados.

De todos modos, no se debe esperar demasiado a recuperarse, ya que sino cada vez será más difícil.